Hay prendas que trascienden épocas, códigos y generaciones. Entre ellas, el traje de noche —o tuxedo— permanece como el epítome de la elegancia masculina. Una pieza que no busca llamar la atención, sino dominarla con sobriedad, precisión y presencia.

Un breve recorrido por su origen
El traje de noche nació a finales del siglo XIX como una alternativa más relajada al rígido tailcoat. Fue Henry Poole & Co., en Savile Row, quien adaptó esta prenda para que el Príncipe de Gales pudiera vestir algo más cómodo pero igualmente formal para sus veladas. Esa propuesta —un saco oscuro con solapas de seda y un pantalón a juego— se convertiría en el referente absoluto de la etiqueta masculina nocturna.
Con los años, el tuxedo ganó protagonismo en Hollywood. Figuras como Humphrey Bogart, Fred Astaire y más tarde James Bond lo consolidaron como símbolo de porte impecable y seguridad silenciosa. Desde entonces, ningún guardarropa masculino está completo sin al menos uno.

Por qué sigue siendo infalible hoy
Más allá de la tradición, el traje de noche destaca por tres razones fundamentales:
- Define presencia
Su estructura depurada, la profundidad del negro o azul medianoche, y el brillo sutil de las solapas generan una silueta que estiliza y proyecta autoridad sin esfuerzo.
- Es un código universal
No importa el país, la época o el tipo de evento: un tuxedo siempre comunica elegancia. Funciona como un lenguaje global del estilo masculino.

- Es un aliado en momentos memorables
Bodas, galas, premiaciones, celebraciones… Las noches que se recuerdan suelen exigir una prenda que esté a la altura. Y no hay pieza más confiable —ni más fotogénica— que un traje de noche bien confeccionado.
El traje de noche en Morera Grosso
En nuestro showroom, reinterpretamos este clásico con precisión contemporánea: solapas en seda natural, proporciones que favorecen la figura, hombros impecables y lanas de la más alta calidad. Cada tuxedo es una pieza única, hecha para acompañar al cliente en las ocasiones que marcan su historia personal.